COLUMNA: Mi mejor amigo


La conexión entre una mascota y su dueño es similar a la de una madre con su bebé.


Todos hemos tenido alguna vez en nuestras vidas una mascota, ya sea un perro, gato, u otra mascota. Ellos cuando llegan a nuestra casa se convierten en un miembro más de nuestra familia, en un hermano o hijo.

Hace poco leí un capítulo de la novela “La insoportable levedad de un ser”, del escritor checo Milan Kundera. El apartado se titulaba “La sonrisa de Karenin”, donde se cuenta la tristeza que embargó a Teresa por el fallecimiento de su mascota, que fue su compañera en los momentos más tristes y en donde se sentía sola.

Esta historia me hizo recordar a mi perro Ruffo. Recuerdo que cuando tenía 4 años, yo jugaba fútbol en mi patio, él me acompañaba y jugaba conmigo. También, me acuerdo que a lado de mi casa había un montículo de arena, yo me trepaba en su encima y él me llevaba como si fuera un caballo. Era mi compañero de travesuras.

Cuando yo tenía 8 años falleció, me dio mucha pena su perdida. A parte de jugar conmigo, también me cuidaba. Después de él tuve tres mascotas más, pero no era lo mismo. Su recuerdo será imborrable.


Comentarios

Entradas populares